AÑO DE LA FE

SER COMUNIDAD CRISTIANA EN EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO Y EN LA COMPRENSIÓN FRATERNA

sábado, 18 de marzo de 2017

VIA CRUCIS

 Asociación Parroquial Sacramental del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, María Santísima de Gracia, Nuestra Señora del Rosario y San Felipe Neri. Castilleja de Guzmán (Sevilla)




 ORDEN Y DISPOSICION DEL VIA CRUCIS DEL DIA 31 DE MARZO DE 2017 

La Parroquia de Castilleja de Guzmán celebra unida el retorno de la bendita imagen del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, tras un largo proceso de restauración.
 Por este motivo, el rezo del Vía+Crucis cuaresmal, será la mejor manera de dar la bienvenida a nuestro Cristo.

 El Cristo de Vera+Cruz, saldrá en procesión desde el Colegio Mayor de Santa María del Buen Aire, simbolizando así su retorno, desde el edificio más emblemático de nuestra localidad. En este día tan especial para nuestra Parroquia y para nuestro pueblo, nos acompañaran corporaciones y hermandades de localidades cercanas, celebrando con nosotros el retorno de nuestro Cristo.


 Horarios
 19:30 Reparto de cirios a los niños y adultos que los hayan solicitado. Organización de la procesión en la nave principal de la Parroquia
 20:00 Salida de la procesión desde la Parroquia, con el siguiente itinerario: Rampa, calle Real, Colegio Mayor y calle Virgen de los Dolores. El cortejo permanecerá formado a la espera del inicio del Vía+Crucis y la salida del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, desde el Colegio Mayor.
 20:30 Lectura de la monición de inicio del Vía+Crucis. Salida del Stmo. Cristo de la Vera+Cruz. Rezo de la 1ª Estación del Vía Crucis. El cortejo con la Cruz Parroquial al frente iniciará el recorrido, por las diferentes estaciones.
22:00 (aprox.) Rezo de la 14ª estación del Vía+Crucis en el atrio de de la iglesia. La Coral Montelirio recibe al Stmo. Cristo antes de la entrada en la Parroquia. Dentro de la iglesia, rezo de la 15ª estación del Vía+Crucis. La imagen del Stmo. Cristo será expuesta en solemne besapies.

viernes, 6 de enero de 2017

Epifanía del Señor


Los Reyes Magos siguen la estrella a Belén
La Epifanía es una de las fiestas litúrgicas más antiguas, más aún que la misma Navidad. Comenzó a celebrarse en Oriente en el siglo III y en Occidente se la adoptó en el curso del IV. Epifanía, voz griega que a veces se ha usado como nombre de persona, significa "manifestación", pues el Señor se reveló a los paganos en la persona de los magos.

Tres misterios se han solido celebrar en esta sola fiesta, por ser tradición antiquísima que sucedieron en una misma fecha aunque no en un mismo año; estos acontecimientos salvíficos son la adoración de los magos, el bautismo de Cristo por Juan y el primer milagro que Jesucristo, por intercesión de su madre, realizó en las bodas de Caná y que, como lo señala el evangelista Juan, fue motivo de que los discípulos creyeran en su Maestro como Dios.
Para los occidentales, que, como queda dicho más arriba, aceptaron la fiesta alrededor del año 400, la Epifanía es popularmente el día de los reyes magos. En la antífona de entrada de la misa correspondiente a esta solemnidad se canta: "Ya viene el Señor del universo. en sus manos está la realeza, el poder y el imperio". El verdadero rey que debemos contemplar en esta festividad es el pequeño Jesús. Las oraciones litúrgicas se refieren a la estrella que condujo a los magos junto al Niño Divino, al que buscaban para adorarlo.
Precisamente en esta adoración han visto los santos padres la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos supieron utilizar sus conocimientos-en su caso, la astronomía de su tiempo- para descubrir al Salvador, prometido por medio de Israel, a todos los hombres.
 El sagrado misterio de la Epifanía está referido en el evangelio de san Mateo. Al llegar los magos a Jerusalén, éstos preguntaron en la corte el paradero del "Rey de los judíos". Los maestros de la ley supieron informarles que el Mesías del Señor debía nacer en Belén, la pequeña ciudad natal de David; sin embargo fueron incapaces de ir a adorarlo junto con los extranjeros. Los magos, llegados al lugar donde estaban el niño con María su madre, ofrecieron oro, incienso y mirra, sustancias preciosas en las que la tradición ha querido ver el reconocimiento implícito de la realeza mesiánica de Cristo (oro), de su divinidad (incienso) y de su humanidad (mirra).
A Melchor, Gaspar y Baltasar -nombres que les ha atribuido la leyenda, considerándolos tres por ser triple el don presentado, según el texto evangélico -puede llamárselos adecuadamente peregrinos de la estrella. Los orientales llamaban magos a sus doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes, como buscando destacar más aún la solemnidad del episodio que, en sí mismo, es humilde y sencillo. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.
La Epifanía, como lo expresa la liturgia, anticipa nuestra participación en la gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la nuestra. Es, pues, una fiesta de esperanza que prolonga la luz de Navidad.
Esta solemnidad debería ser muy especialmente observada por los pueblos que, como el nuestro, no pertenecen a Israel según la sangre. En los tiempos antiguos, sólo los profetas, inspirados por Dios mismo, llegaron a vislumbrar el estupendo designio del Señor: salvar a la humanidad entera, y no exclusivamente al pueblo elegido.
Con conciencia siempre creciente de la misericordia del Señor, construyamos desde hoy nuestra espiritualidad personal y comunitaria en la tolerancia y la comprensión de los que son distintos en su conducta religiosa, o proceden de pueblos y culturas diferentes a los nuestros.
Sólo Dios salva: las actitudes y los valores humanos, la raza, la lengua, las costumbres, participan de este don redentor si se adecuan a la voluntad redentora de Dios, "nunca" por méritos propios. Las diversas culturas están llamadas a encarnar el evangelio de Cristo, según su genio propio, no a sustituirlo, pues es único, original y eterno.